Lo peor que tiene la IA son los blogueros que hablan de IA. Enseñan a escribirle a la IA cosas como «imagina que eres el mejor mercadólogo del mundo, móntame un embudo increíble» o «eres el mejor diseñador web de 2026, analiza a mis competidores, hazlo con estilo Apple, dale, crea». Car*jo, así no funciona. Y la gente escribe exactamente eso, recibe una respuesta pulida y vacía, y concluye que en su negocio la IA no funciona. En cambio, cuando les muestro a mis socios cómo una IA armó la primera pantalla de nuestro sitio en quince minutos, una pantalla por la que un diseñador cobra entre 1 000 y 2 000 pesos mexicanos, no pueden creer que eso sea posible.
La IA no funciona en tu negocio porque le entregas la parte equivocada del trabajo. Toda tarea de negocio gira en el mismo ciclo de tres pasos: definir el problema, hacer, revisar lo que salió. Después el ciclo se cierra y vuelves a definir el problema. A la IA, igual que a un empleado, solo puedes delegarle el paso dos, hacer. Los pasos uno y tres son la función del director general, se quedan contigo para siempre, y la mayoría de los emprendedores intenta entregarle a la IA justamente esos dos.
Y no es solo un problema de la pequeña empresa. En un estudio de RAND de 2024, 65 científicos de datos e ingenieros con experiencia señalaron la causa número uno del fracaso de los proyectos de IA: quien los encarga entiende mal o comunica mal qué problema hay que resolver. Según RAND, fracasan más del 80 % de estos proyectos, el doble que los proyectos de TI comunes.
En el verano de 2025, la iniciativa NANDA del MIT encontró que el 95 % de las empresas no obtuvo ningún retorno medible de la IA generativa, aunque las empresas de EE. UU. invirtieron en ella entre 35 000 y 40 000 millones de dólares (análisis del informe). Los autores lo atribuyen a que los sistemas de IA no retienen el contexto de la empresa ni aprenden de él: un chatbot es fácil de probar, pero sin memoria ni personalización se cae en los procesos reales. Yo lo leo como el mismo problema visto desde el otro lado: nadie le pasó a la máquina el conocimiento del negocio. Llevo veinte años en los negocios, hago sitios web desde los dieciocho, y todo lo que viene abajo lo probé en mis propios proyectos.
Un modelo rara vez te frena para decirte «esta tarea no está clara». Ante un pedido vago te devuelve un texto prolijo que es el promedio de todo lo que vio sobre embudos, sitios y marketing, porque no tiene otra cosa en qué apoyarse. Cuando escribes «que piense solo qué hay que hacer», le estás entregando el paso uno, definir el problema. Cuando escribes «analiza los errores y mira qué está mal», le entregas el paso tres, evaluar el resultado. Y después te sorprende que te genere pura porquer*a.
A Claude lo llamo un practicante de diez en su primer día de trabajo. Es listo y rápido, pero no conoce a tu cliente, ni tu mensaje, ni lo que en tu empresa se vale y lo que no. A un practicante de carne y hueso no le dirías el primer día «eres el mejor director de marketing, tráenos ventas». Le explicarías la tarea, le mostrarías un ejemplo y después revisarías. Con la IA es igual, solo que el practicante responde en segundos y parece que ya no hace falta explicar.
El ciclo de tres pasos no lo inventé yo. En los años veinte del siglo pasado, el físico Walter Shewhart, de Bell Labs, describió la producción bajo control como tres pasos: especificación, producción, inspección. Después W. Edwards Deming desarrolló esa idea en el famoso ciclo PDCA, planificar, hacer, verificar, actuar, y lo llevó a los directivos japoneses en los años cincuenta. Mi conclusión de esa historia es simple: el ciclo solo gira cuando el primer y el último paso los sostiene quien responde por el resultado.
EE. UU. · 1920
Con la IA, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de convertirse en director general. Y la función del director general es justamente esa: definir el problema, delegar la tarea, ver qué se hizo y volver a engancharse con la pregunta de qué sigue. Si tienes equipo, un gerente puede sostener los pasos uno y tres en su área, pero entonces él es el director general de esa área, y la IA sigue recibiendo solo el paso dos. Puedes tener dos empleados (o ninguno, si te da miedo contratar) y veinte trabajadores de IA. El ciclo es el mismo.
| Dale a la IA (paso 2, hacer) | Quédate tú (pasos 1 y 3) |
|---|---|
| Armar una landing con tu estructura | Decidir qué debe vender el sitio y a quién |
| Reescribir textos con tu estilo a partir de tu material | Mensajes, oferta, guion de venta |
| Maquetar, visualizar, diseñar slides | El criterio de «bien hecho» con el que aceptarás el trabajo |
| Probar formularios, calcular, juntar datos | Evaluar si vende y plantear la siguiente tarea |
Aquí entra una distinción que llevo años explicando sobre los equipos: delegar y encargar. Delegar es pasar algo que antes hacías tú y por eso sabes cómo debe quedar. Encargar es pasar una tarea que en la empresa nadie hizo nunca y esperar que la otra persona lo resuelva sola (lo explico a fondo en mi artículo sobre delegar). Contratas a un experto en reels, le pagas unos 60 000 pesos mexicanos y al mes no funcionó nada. Con la IA pasa lo mismo, solo que más rápido y más barato. Si tú no entiendes cómo funciona un buen embudo, no se lo estás delegando a la IA, se lo estás encargando, y encargar sin control termina igual con personas y con máquinas.
Puede reemplazar las manos del mercadólogo, siempre que la cabeza del mercadólogo la pongas tú. Hoy muchos emprendedores buscan quién los salve. Primero buscaban la salvación en los mercadólogos: va a llegar un mercadólogo buenísimo, me va a configurar todo, porque yo no quiero ocuparme de eso. Otros la buscaban en los vendedores: va a aparecer un gran vendedor en el equipo y van a arrancar las ventas. No van a arrancar, así no funciona un negocio, y ahora esa misma esperanza simplemente se mudó a la IA.
Hace unos diez años ya decía que el problema de los emprendedores es que no aprenden a dirigir. Aprendieron a hacer su producto, pero no a delegarlo, a automatizar procesos, a ser gerentes. Una cosa es hornear empanadas y enseñarle a un empleado a hornear las mismas empanadas. Otra muy distinta es contratar gente que dirija a los que hornean, eso es otra habilidad. Con la IA pasa igual. Tienes que saber qué sitio necesitas y cómo está armado para vender, entender de embudos, de mensajes, de cómo se escribe un texto de venta, y la IA simplemente lo arma. Ahorramos horas de trabajo, no conocimiento ni competencias.
Antes contratábamos a un community manager, un editor de reels, un redactor, un diseñador y un asistente, cada uno por 6 000 a 10 000 pesos mexicanos al mes, para que buscaran mensajes y diseñaran slides a mano. Hoy ese trabajo lo hacen empleados de IA por el precio de una suscripción a Claude. Pero primero los entrenamos: les explicamos qué se vale y qué no con nosotros, les dimos nuestras frases prohibidas, nuestra forma de hablar y nuestro diseño. Eso mismo enseñamos en IInstrumenty, el curso que damos juntos Sasha Turubarov y yo en mi plataforma (en ruso). La IA reemplazó las manos del mercadólogo. La cabeza sigue siendo nuestra.
En abril estábamos mudando el sitio de nuestro juego gratuito Tochka Sborki («Punto de Ensamblaje») de un constructor web a nuestra propia plataforma, y decidí de paso renovar la primera pantalla. Todos los textos e imágenes los armó una IA y los adaptó a nuestro estilo de marca y a todos los tamaños de pantalla en quince minutos. Un diseñador cobra entre 1 000 y 2 000 pesos mexicanos por una pantalla así.
Los quince minutos fueron para armarla, pero antes hubo algo más importante. Antes de pedirle a la IA el sitio, le pasé mi propio video de dos horas donde les explico a mis alumnos cómo hacer una buena landing y ordenarla según su mensaje. La IA armó la pantalla apoyándose en ese mismo mensaje. El paso uno, qué debe decir la página y por qué, estaba en mi video. A la IA solo le tocó hacer. Por eso en ese momento escribí con honestidad en mi canal que no hay que hacerse ilusiones de que absolutamente cualquiera lo hará igual de rápido y de bien. Es rápido para quien ya sabe cómo debe quedar.
Rehíce igorgraf.life, el sitio donde estás leyendo esto, desde cero en medio día en mayo, solo dictando. Pagábamos más de 5 000 dólares al mes en herramientas SaaS: reescribí la funcionalidad de una de ellas, pasé al equipo a usarla y cancelé la suscripción. Después, con el mismo método, le quitamos un buen pedazo de trabajo al área de finanzas. Hasta para comprobar si funcionaban los formularios del sitio nuevo mandé un bot que recorría las páginas y hacía clic solo. Esa es una verificación mecánica, y también se le puede dar a una máquina. Pero decidir qué debe vender el sitio y si está vendiendo es el verdadero paso tres, y eso no lo va a hacer por mí ni un bot ni una IA.
Hoy te venden la idea de que puedes no hacer nada: compra un curso de IA, ella lo hará todo por ti y te vas a hacer rico. La realidad es más modesta. La IA te permite no entregarle el sitio a diseñadores y programadores, más o menos, y aun eso es discutible porque puede haber errores, y te permite probar una hipótesis muy rápido. Pero mientras no te conviertas en un buen vendedor y no escribas tú un buen guion, a la IA solo puedes encargarle armarlo en un embudo. Y mientras no diseñes la estructura del sitio ideal, la IA no tendrá nada que armar.
En ese video lo dije sin rodeos: mientras intentes delegar los pasos uno y tres, vas a ser un pésimo emprendedor. Hablo del rol que elegiste: te quedas como practicante a cargo de otro practicante, y la IA no te va a salvar, igual que no te salvaría el mercadólogo más caro. ¿Te acuerdas del prompt «imagina que eres el mejor mercadólogo del mundo»? Está dirigido a la persona equivocada. El mejor mercadólogo en ese chat tienes que ser tú.
Casi siempre porque a la IA le dan la parte equivocada del trabajo: le piden que piense sola qué hace falta y que evalúe sola lo que salió. La IA hace bien, pero definir el problema y revisar el resultado le toca a quien responde por el negocio. RAND señala el problema mal entendido como la causa número uno del fracaso.
Puede reemplazar sus manos, no su cabeza. Si tú entiendes qué embudo necesitas, qué mensajes y qué textos venden, la IA lo arma en horas en vez de semanas. Si no lo entiendes, te arma el promedio pulido de internet y no vas a vender.
Con una tarea real de tus gastos, no eligiendo una herramienta. Primero describe tú el problema y cómo se ve un buen resultado, dale a la IA tu propio material y ejemplos, encárgale solo la ejecución y quédate con la revisión. Los resultados se ven ya con una sola tarea.
Todo lo que pertenece al paso de hacer: armar un sitio o una landing, maquetar, reescribir textos con tu estilo, visualizar, calcular, probar formularios. Definir la tarea y evaluar el resultado no se delega: es la función del líder, aunque en la empresa el líder seas solo tú.
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