¿Qué haces cuando las cosas son difíciles? No difícil como en el gimnasio. No difícil como en las escaleras. Esto es algo completamente diferente. Me refiero a difícil como situación. Cuando todo se acumula, cuando hay una sobrecarga total, cuando ha habido un fracaso. No lo sé. Te propongo llorar. Meterte en la cama, comer sándwiches y contarle a tu esposa o esposo lo injusto que es el mundo.

Casi todas las películas — especialmente las legendarias — tratan sobre la transformación de un personaje.

Los padres de alguien mueren (Batman, Time), un teatro por el que ahorraron toda su vida se quema (Sing, El gran showman), los despiden (El lobo de Wall Street, En busca de la felicidad), su pareja los deja (cualquier película), sus padres no los entienden (La Sirenita, Valiente) — y así sucesivamente. Es precisamente la superación de las dificultades lo que hace que estas películas valgan la pena.

El único camino hacia adelante es más intentos.

Levántate de la cama y haz un intento más.

Esto es lo que he visto en miles de personas que han pasado por una crisis: quienes se levantaron — no porque se sintieran motivados, sino porque tomaron una decisión — son quienes construyeron vidas reales. La motivación está sobrevalorada. La decisión lo es todo.

Una crisis no es el fin. Es el punto del argumento donde la película se pone interesante. La pregunta es: ¿eres el personaje principal que se levanta, o un personaje secundario que desaparece después del primer acto?

La respuesta siempre es la misma: levántate, haz una cosa, luego otra. Ese es el plan completo.